Hace siete años, “Teresa” tomó la decesión que dice ha sido una de las más difíciles de su vida. En aquel entonces, su hijo de 17 años, homosexual, le expresó que quería iniciarse sexualmente. El adolescente, “Antonio”, tenía una pareja estable cinco años mayor que él. “Teresa” consintió que ambos tuvieran relaciones sexuales en su casa, donde además vivían su esposo y otra hija.
¿Las razones? Varias. Según contó -bajo condición de anonimato- influyeron motivos de seguridad, tranquilidad e higiene, entre otros. “Las cosas están bien malas en la calle y a veces es mejor que lo hagan en tu cara, porque así sabes dónde y con quién anda tu hijo. Veo la criminalidad y me asusto, y haré todo lo que pueda hacer para evitar que le pase algo a mi hijo. La higiene también es parte de eso, porque hay enfermedades y desde mi casa puedo ofrecerle profilácticos, si es necesario”, expuso.
“Teresa” reconoció que dudó al permitirle a su hijo tener sexo con su pareja en su casa, sobre todo porque viene de una familia conservadora. No obstante, pudo más su actitud de darle libertad a los hijos y un ambiente de confianza. “Al sol de hoy no me arrepiento”, aclaró.
“Antonio”, por su parte, relató que las negociaciones con su madre incluyeron establecer varias reglas, como no bañarse con su pareja, ni “hacer ruidos fuertes”.
“En aquel entonces sabía que no estaba listo para irme de mi casa y, si en mi casa tenía ese privilegio (de tener sexo con su pareja) pues era algo que no desaprovechaba. Además, me agradaba tener esa comodidad y no tener que estar escondiéndome todo el tiempo”, comentó.
Este escenario no es del todo ajeno a la realidad de los adolescentes puertorriqueños. Aunque no hay estudios al respecto y expertos en conducta humana consultados por El Nuevo Día afirmaron que no es muy común la práctica, Wanda Smith, doctora en medicina sexual con un posgrado en salud pública, teorizó que el 35% de los padres de adolescentes le permite tener sexo en el hogar.
En Estados Unidos parece estar sucediendo lo mismo, a juzgar por un artículo reseñado el mes pasado por la cadena de noticias ABC. El artículo destaca que cada vez más padres se unen a la “tendencia” de consentir que sus hijos tengan sexo en el hogar familiar. Las razones son bastante parecidas a las esbozadas por “Teresa”.
El Departamento de Salud no tiene estadísticas sobre cuántos adolescentes en la actualidad están activos sexualmente, pero un estudio realizado en el 2008 por la epidemióloga Ana Patricia Ortiz reveló que el 37.5% de los hombres y el 21.4% de las mujeres participantes se inició sexualmente en o antes de los 15 años.
Ni buena, ni mala
Los expertos consultados se abstuvieron de calificar como buena o mala esta práctica. Empero, Smith destacó la importancia de que los padres no consientan el sexo en sus hijos adolescentes considerando solo factores físicos, que van desde el placer coital hasta las enfermedades venéreas y embarazos no deseados.
“Hay que integrar el componente sicoemocional, social y espiritual. Los padres tienen que ver la sexualidad integral. Hay que dialogar con el joven y descubrir su interés real en tener esa sexualidad, que a veces puede ser presión de otros jóvenes, pero eso no es motivo para tener sexo”, sostuvo Smith, quien enfatizó que los adolescentes deben tener claro que mientras vivan con sus padres, los valores de estos son los que prevalecerán en el hogar.
Por su parte, el sociólogo José Rodríguez Gómez, facultativo de la Universidad Carlos Albizu, señaló que el argumento de cuidar a los adolescentes es uno de los criterios sociales que rigen el comportamiento, lo que podría explicar porqué algunos padres le permiten a sus hijos tener sexo en su casa. Sin embargo, aclaró, esto no necesariamente significa que al consentir no estén poniendo en riesgo la salud física y emocional del joven.
“Si el adolescente reclama esa oportunidad hay que dirigirlo en términos de cuáles son las implicaciones, que el padre se vea como el mejor amigo de su hijo. Un padre debidamente orientado puede ayudar a mejor a su hijo adolescente”, recalcó Rodríguez Gómez.
La sicóloga clínica y escolar María del Carmen Santos Ortiz, profesora del Programa de Maestría de Educación en Salud de la Escuela Graduada de Salud Pública del Recinto de Ciencias Médicas de la Universidad de Puerto Rico, destacó que para los jóvenes es más económico y seguro tener sexo en su hogar y no en la calle.
“Entiendo que al hacerlo en la casa disminuye el riesgo de enfermedades y embarazos no deseados porque es más fácil y accesible tener métodos anticonceptivos. Si un hijo le trae el tema a sus padres, debe verse como un acto de amor y confianza. No necesariamente el padre tiene que dar la autorización, pero debe captar el mensaje de que su hijo está activo sexualmente o está interesado en iniciar una vida sexual. Debe orientarlo”, dijo.
Aún así, hay jóvenes a los que no les agrada la idea de tener sexo en la casa de sus padres. Tal es el caso de Marlene Robles, de 19 años y vecina de Toa Baja, quien vive con su madre y padrastro.
“Sé que no me lo permitirían, ni dentro ni fuera de la casa, a menos que esté con alguien con quien me vaya a casar. Me parece aceptable llevar un novio a casa para que mi madre lo conozca, pero no para tener relaciones sexuales. Si lo hago sería como si le estuviera faltando el respeto a mis padres”, subrayó Robles.
Ideas similares expresó “Carlos”, también de 19 años, quien afirmó no tendrá sexo hasta que se case. “Aun si mis padres me dieran el permiso me sentiría raro. Yo siempre pongo al Señor primero y no voy a sacrificar mi santificación por satisfacción. Al final, todo se trata de vanidad. Prefiero esperar al matrimonio y disfrutar de una relación sexual con quien estaré de por vida”, acotó.
Estas opiniones resumen la posición de la secretaria de la Familia, Yanitsia Irizarry, quien expresó que su mensaje a los padres de adolescentes es que “permitirles experimentar a destiempo lo que no corresponde a su etapa de desarrollo, puede troncharle sus sueños en la vida”.

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